Llegar

El camino hacia la casa fue en subida. Desde el auto no nos dimos cuenta que nos adentrábamos en un valle silencioso. El sol, blanquecino, aquietaba la ruta y embotaba los sonidos. Después de descargar nuestro equipaje y las provisiones que habíamos comprado cerca de la terminal, comimos y nos acostamos. Sueño: me sueltan, como a un niño en un parque, en la base de un cerro, y subo corriendo por un camino cercado de arboles bajos. Atrás, Lu y Agus avanzan más despacio con un guía. Llego hasta una primera cima, los arboles terminan y se abre un prado de un verde intenso. Desde allí, veo como descienden los techos alpinos de las casas que se escalonan desde la base. Veo, además, que las casas siguen subiendo y por los techos se forma un camino para seguir a pie hacia una cima mas alta. Sigo corriendo. Contemplo la vastedad del valle, los pueblos vecinos, el sol que se levanta blanco y centelleante. Trato de abrir los ojos todo lo que puedo, pero los siento chicos, veo el borde de sombra del párpado que aun no abre, alguien me habla. Agus se despertó. Lo acostamos en una cama de nene. Se había quedado quieto y apenas movido las frazadas.

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