Propuesta de observación 23: El agua que se junta hasta fomar charcos sobre el pasto

Detallo paso por paso cómo funciona esta experiencia visual:

1-Salir al patio o al parque o a la calle o al campo (fundamental, se trata de una observación de exteriores)

2-Si se han formado charcos sobre el pasto. Determinar de donde proviene el agua: del cielo, de una canilla, de una manguera, de un balde, de un desagüe, de unos ojos. Tomar conciencia de que allí, donde se ha formado el charco, existe una depresión o un pozo en terreno que muchas veces pasa desapercibido frente a nuestra mirada.

3-Acercarse. dejar que la mirada se encuentre, primero, con la superficie del charco. Después, demorada en la lentitud de la nueva densidad, dejarla avanzar hasta el fondo de tierra. Una vez allí, salir. Recorrer sus fronteras, sus inmediaciones, subir a los muros o cercos que lo circundan, a los árboles, seguir el curso de los insectos, llegar hasta la fuente del agua que lo llena y sumarse al camino del agua. Que con ella inunde todo la mirada.

4-Irse. Volver después de un tiempo prudencial, el suficiente para que el charco haya desaparecido. Volver a mirarlo, recordarlo lleno (otra opción, para los fanáticos, es quedarse mirando como el charco se consume)

—————————-

Según los consejos prácticos de una revista de jardinería, es conveniente cavar, alrededor de los árboles, un leve pozo que permita retener un tiempo extra el agua de las lluvias. Después, si la tierra tiene un drenaje defectuoso y el agua queda allí mucho tiempo, es otro problema. Quedémonos con lo primero: el leve pozo alrededor del tronco.

En el patio hay un tilo. El tronco del tilo está rodeado por un círculo de tierra más profundo que el pasto. Ese círculo, en los mediodías, es un espacio que siempre está vacío. Ese círculo, que rodea el tronco plantado en el patio de la casa, quedó a merced del agua de una manguera que alguien olvidó cerrar.

El agua lo llenó lenta. Primero se quedó quietita sobre la tierra, formando un charco pequeño. La tierra, sedienta, bebió con locura; después, saciada, se vistió de hilos luminosos que reflejaron de a poco las sombras de las hojas y el azul del cielo; por último, extenuada, dejó rebalsar el agua sobre su boca y la hizo abrazar el tronco del árbol.

La parte baja del tronco se humedeció y se azuló. La tierra recuperó el aliento, volvió a beber y el agua, como agitada por una mano subterránea, comenzó suavemente a correr y dar vueltas alrededor del tronco. Cada tanto se formaban imperceptibles burbujas que reventaban mudas en la superficie del charco y descendían fundiéndose con los hormigueros, las piedras, los insectos, las raíces, las cavidades profundas, lo subrepticio, lo secreto. El pozo se volvía un caleidoscopio  y no sabía si era agua, tierra o vida. Oscurecíase todo alrededor del árbol y liberaba un olor fresco e intenso a tierra mojada que subía a entreverarse con el viento para estremecer cada una de las ramas, de las hojas y de las semillas del tilo.

Alguien corrió la manguera de lugar y el agua dejó de brotar hacia el árbol. La laguna circular que se había formado comenzó a hundirse en la tierra. Ojos turquesas se encendieron brillando en el suelo renegrido. La tierra vibró cerúlea y las raíces latieron mostrando unas sutiles fibras violetas. Las hojas secas se desperezaron en el barro y, tal vez, advirtieron mi mirada fija en ellas, se ruborizaron. Sobre una rama que había quedado sobre el agua como un gran puente, destellaron los cuerpos de unas hormigas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s