Propuesta de observación 20: la incomodidad del que está de más

El colectivo dobla con violencia y todos los que estamos adentro nos sacudimos. Antes de poder acomodarnos volvemos a sacudirnos con una nueva curva que el colectivo encara sin asco. El descanso llega después de una frenada seca que anuncia una parada. Suben dos chicas y un chico, en ese orden; ya desde abajo se acomodan en una filita. La chica que va adelante lleva puesto un shorcito blanco y una musculosa azul cobalto. Dos submarinos naranjas emergen. Camina y se contornea. Parece que lo hiciera a propósito, nadie se mueve así naturalmente en un colectivo. La chica que va detrás sube callada y escucha la conversación de la otra con el pibe. Él va comiendo una hamburguesa enorme, la lleva apretada con una bandejita de cartón doblada. Sacan un viaje cada uno y se quedan parados en el espacio que se abre frente a la puerta ubicada en la mitad del colectivo. El pibe se apoya contra un caño para disponer de sus dos manos y comer más cómodo, tiene el pelo rapado a los costados, con algunos mechones teñidos de rubio. La chica de la musculosa se pone muy cerca de él. No sé por qué, pero me acuerdo de esas mesitas que se pliegan contra la pared para economizar el espacio. Al pibe le importan más las dos rebanadas de carne caliente con huevo, tomate, queso y pan que tiene entre las manos que la mirada penetrante de la chica. Ella no para de hablarle, se empeña en mantener una sonrisa entre seductora, interesada y simpática –dificilísimo- y no se da cuenta de que un tipo que está un poco más atrás le está mirando el shorcito desde que subió. La otra chica sí advierte al mirón y no puede evitar una mueca de desagrado. Ella se ha quedado un poco más alejada de los otros dos y participa de la conversación con miradas y ademanes. El pibe saca su celular y lo hace sonar con una música reggae. Los dedos grasientos quedan marcados en la pantalla. Guarda el celular en el bolsillo de la remera y lo deja sonando. Termina la hamburguesa totalmente reconcentrado en la acción de comer. Se lleva la comida a la boca y se empuja los últimos pedacitos de pan entre los labios con la punta de los dedos. Su cara ahora muestra un placer genuino. Se liberan un par de asientos y los tres van a sentarse, se ponen a charlar animosamente mientras el pibe se limpia las manos en el asiento de adelante.

Una de las chicas queda de más, suelta, sin interesarle al pibe de la hamburguesa ni a la chica del shorcito. La mirada del que está de más se pliega como un puente levadizo al cerrarse y se puede ver su cuerpo haciéndose capullo.

La propuesta consiste en observar ese movimiento de “autorefugio” de los cuerpos incómodos de los que están de más.

-Suben cuatro a un tren. Dos chicas de más o menos 16, pintadísimas, con aros y pulseras en exceso, zapatos con plataforma y calzas tajeadas; dos chicos, uno de más o menos 12, flaco, con su mejor ropa vieja; otro joven de veintitantos, con cara de ají bronceado y remera blanca y un anillo plateado en cada dedo. El joven se queda de un lado, los otros tres conversan del otro lado. En un momento, sin aviso, el joven avanza y le estampa un beso potente a una de las chicas; la otra lo mira con cara de “quiero ese beso para mí”; el cuerpo del chico de más o menos 12 empieza a encerrarse en sí mismo.

Tres chicos que vuelven de su turno de mañana en la facultad hablan sentados en los asientos del fondo del colectivo. Es lunes y repasan lo que hicieron el fin de semana. Dos fueron a un recital el viernes y de ahí no pararon: salidas al río con amigo, meriendas, bares, otra noche larga, todo en auto, domingo de sueño. El otro chico permanece callado, cuando los compañeros le preguntan qué hizo el finde, él les dice que no mucho y ellos deducen, en voz alta, que es un “tipo casero”, pero no ven que su cuerpo ya estaba hecho un capullo -quién sabe desde cuándo- ni que su ropa y su mirada llevan detrás una historia distinta.

Dos claves para quien se quiera embarcar en esta propuesta de observación:

1- Como la oración de San Francisco que reza “para ser amado hay que amar”, para ver la incomodidad del que está de más hay que haber estado de más.

2-Mirar con atención, aislar todo lo demás, pero, si la escena transcurre en un trasnporte público, no perder de vista la parada, suelen pasarse por alto cuando se atienden otras cuestiones.

DSC08943

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s