Propuesta de observación 12: las personas que hablan y detienen el mundo  

“Desde un lugar que no conozco –o no recuerdo- vine a este mundo. Antes de ser esto que soy, era nada –o era todo aquello que me contenía y estaba latente en cada sangre, cada célula, cada grano de materia. Un día, no sé cuándo, volveré a ser nada –quedaré en lo que hice, en recuerdos (y como se borran los recuerdos hasta ser solo una palabra, o casi una idea,también me borraré) Y todo esto que pienso, todo esto que siento, todo esto que miro, chau. Sabré menos de lo que sé ahora. Vine aquí, decía, a esta plaza con faroles encendidos y una iglesia, a estas manos, a esta casa con patio y árboles. No llegué a un mundo de castillos, princesas y reyes que no se bañan; ni a uno de praderas infinitas sin dioses ni viviendas; ni a uno con una guerra que me obliga a escapar, no importa cómo, sólo escapar; ni a uno  de personas que no tienen miedo de abrazarse con un desconocido. Sin embargo, quedaron castillos, hay iglesias, la guerra sigue latente y somos capaces de caminar kilómetros por un lugar lleno de gente sin saludar a nadie. Vine aquí, a este cielo que tiene más historias y más vidas de las que yo podré tener alguna vez. Este suelo que piso ayer fue una cosa y mañana será otra. No puedo evitar pensar en esto por las tardes, cuando camino y el sol que se apaga entre las nubes asoma redondo y rojo entre mis costillas. Veo a los niños; fui como ellos, siempre encendidos. Veo a los jóvenes; estuve como ellos, con necesidad del otro. Después los veo a todos. Se es niño, joven, y después simplemente se es. Vine así, pensante. Si alguna pena alumbro, son dos penas de mundo.”

Así hablaba aquella persona en aquel lugar sin puertas.

Cada tanto, si andás tanteando, te encontrás con alguien que habla así. Pausado, sin apuro, sabe que las palabras no llegan a decir todo lo que quiere y dan a entender más cosas de las que quisiera. Y como no podés menos que escuchar, van unas cosillas para observar:

Las manos, ¿acarician las palabras, las moldean, las aprisionan, las torturan o las liberan?

Los ojos, ¿miran hacia otra parte, desde otro tiempo, con brillo, ensombrecidos, desalentados, o nuevos?

La boca, ¿tiembla, baila, se atropella, escupe, aprieta, canta?

Los hombros, ¿parecen pesados y livianos como las alas de un ángel o son de oscura y húmeda piedra?

El resto del cuerpo, ¿importa?

Si seguís así vas a ver más.

¿Es de adentro de la boca de donde salen los sonidos o de cada hueso, cada gesto y cada silencio?

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