Propuesta de observación 10: Arandelas

En algunos colectivos, en los trenes, en los subtes, antes en algunos tranvías, de los caños donde los altos aferran sus manos, cuelgan arandelas.

Arandelas, no manivelas. Ni agarraderas.

Bailan la tarantela si el chofer acelera.

Dicen no cuando frena.

Tal vez cuando espera.

Vení cuando piensa.

Y sin certezas, cavilando, dibujan aureolas en tu cabeza.

Las más flexibles parecen gotas de agua; las más sonoras, campanas; las más entrometidas, un ojo. Una lluvia que no moja, pero que tintinea y mira. Otras, como si estuvieran mordidas, tienen un lugar para poner los dedos. Casi siempre son de plástico, aunque algunas son de goma o silicona y las podés moldear con tu forma preferida y viajar agarrándote de un 8, de una tortuga, de una lengua o de una nube.

Imaginar a todos los que viajan colgados de las arandelas diciendo no cuando frenan, tal vez cuando esperan, vení cuando piensan. Bailando en cada curva, practicando sus propias acrobacias, sin usar los dedos para tocar el celular ni para cobijarlos en otros bolsillos o empujar en el pasillo. Todos los dedos en el ojo. Todas las manos en un cielo sin estrellas.

Perderse en las cosas puramente utilitarias y funcionales, en sus detalles nunca vistos, y escapar de la realidad.

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