Propuesta de observación 2: el silencio de tu casa

Cuando tu casa queda en silencio -porque los demás duermen o no están o están muy callados- y no hay ninguna canilla que gotea, cuando tu casa en silencio queda, te escuchás vos.

Y te podés escuchar tan fuerte que es como si estuvieras al lado tuyo y pudieras verte por dentro.

He aquí una propuesta de observación para ese momento:

Escucharse –y verse- así, con tanta nitidez, puede llegar a ser aterrador. Si eso pasa, refugiarse en la poesía, pisar el ella como en una baldosa que sabés no estará floja un día de lluvia. Sobrevivir con los ojos. Sentir los nocturnos de Rubén Darío como un lugar donde pasar la noche.

Como un amigo que te abraza sin que te lo esperes.

Como cuando te despertás y sntís olorcito a comida.

Como cuando pasás por una calle y todas las frondas de los árboles se mecen con el viento.

Como cuando abrís la heladera y encontrás el postre que te gusta.

Como cuando te ponés la ropa en invierno y está calentita.

Como cuando la angustia y el miedo te sueltan el cuello.

Como cuando te ponés de acuerdo con alguien sin hablar.

Como cuando sopla el viento y se amontonan las nubes y el cielo se revuelve  bien batido a punto nieve y de un lado gris perlado y del otro soleado, mientras las casas –naranjas- y los árboles –amarillos- buscan soltar el suelo.

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