Y yo estoy con la máquina de mirar

Los árboles y el cielo amanecían sobre mí como una cúpula. Cuando la cortina celeste quedaba entreabierta, se colaban, galantes, como gigantes galletas de miel, las hojas del tilo. Cuando llovía me asomaba a espiar los pájaros que tomaban el agua de los charcos luminiscentes del pasto hundido. Algunos atardeceres eran como abrir un cajón… Continúa leyendo Y yo estoy con la máquina de mirar