Evolución

Aun así, aunque me despalabre en este palabrelío, aunque me saque la rabia escribiendo, no puedo evitar sentir el nacimiento de la belleza, no puedo hacerlo porque simplemente sucede y me lava el alma: en un gesto, dos colores que se juntaron, un par de miradas que se cruzan, uno de esos silencios que cuando se dan algunos dicen que pasó un ángel y otros que se murió una vieja, un concilio, una sonrisa de niño, una canción, una reflexión de esas que te hacen sacar la mirada del libro y quedás tildado. Eso pasa. Todo el tiempo, sin cesar, a la vez de todo lo que vengo remando dale que dale, todo pasa junto. Por eso les agradezco a todos por existir. A las personas por caminar siempre sin cesar, a las calles por el ruido y por el silencio, a la vida por la tristeza y la esperanza de entenderla; y a la belleza por haber sido buena cuando me dejó verla por primera vez y para siempre, bajo cualquier cielo, desde cada una de mis miradas, aunque no pare nunca de hacer cosas durante todo el día.

Me levanto a la mañana y me pongo el guardapolvo lleno de pintura, entro al aula y me clavo el casco de astronauta, me lo cambio por el de bombero cuando salgo al patio y después suelto las alas. Me quito la aureola y me envuelvo en el mameluco para ir a la construcción, cuando termino bajo el cierre y asoma el traje reluciente, negro y bien planchado. Entro a la conferencia y expongo mis más brillantes ideas. Termino y cambio el saco y la corbata por mis ropas de mendigo, busco un tacho de basura con fuego dentro. Aparece otro más roto que yo y le doy toda mi ropa, me dejo solo las calzas y me tiro a la pileta, después de nadar me subo a la bici, pedaleo hasta el colectivo, me bajo en la plaza y camino hasta mi casa.

De uno a otro voy pasando sin pensarlo, me sale solo. No es verdad eso que dicen de que las cosas son simples, lo simple es aceptar que son complejas. Aceptar lo complejo es lo simple, abrazar la historia de todo lo que nos precede cuando sentimos que estamos conectados con la primera partícula de carbono que se formó hace trece mil millones de años, que llevamos en cada uno de nosotros el misterio de la vida, con las plantas, con cada estrella, cada gota de agua. Cada uno con sus átomos y sus moléculas en una combinación única, personal, con su sistema ocular decodificando una realidad personal e intransferible, cada uno con su psiquis y los pensamientos que le van tejiendo la vida, cada uno con su historia de genes que van hacia atrás, interminables, hasta llegar al primer hombre y al primer ser vivo y a la primera partícula de carbono otra vez. Y todo eso metido en un aula, en una sala de ensayo, en una pileta, en una casa. Yo mirando galaxias. Un universo igual de infinito y desconocido a este donde flota la tierra. Una nebulosa de posibilidades, de potencialidades, donde todo es y todo está por ser porque todo puede ser, pero nunca no ser.

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