Merienda

Corto una rodaja generosa y la dejo en el centro del plato. Algunas chispitas de chocolate se desprenden y caen sueltas, lejos de la rodaja. Ella está concentrada en la preparación de su té con leche. Sus manos, como una grúa, levantan el saquito y tratan de dejarlo sin que gotee sobre el envoltorio de papel que lo contenía antes de abrirlo. Habla mientras lo hace. El plato y la rodaja están todavía en otro mundo. En realidad, ella no está viendo ni la taza, ni el saquito de té, ni el plato, ni la rodaja. Está viendo cada una de las palabras que su boca forma y cada recuerdo que forman las palabras. Frente a sus ojos hay un anteojo invisible donde solo re refleja lo que ya dijo, lo que está diciendo y lo que está pensando en decir después. La decisión de merendar la toman sus manos, desentendidas de la charla. Agarran un cuchillo y cortan la rodaja de budín por la mitad. Dejan el cuchillo a un costado y separan una de las mitades, la parten al medio y llevan una de las partes hasta la boca. Mientras la lengua, el paladar, los dientes y los labios mastican y no pueden formar palabras, los hombros, las manos, los ojos y las cejas, gesticulando, continúan el relato, reforzando o ampliando el sentido de lo que venía diciendo. Cuando la boca se libera y vuelve a tomar las riendas del lenguaje, las manos se quedan contra los bordes de la taza, más por el placer que les provoca tocar la cerámica caliente que por la inminencia de un nuevo viaje hacia la boca. La mitad de la rodaja que quedó en el plato espera su turno, o tal vez no espera nada y todo le es indiferente, hasta las migas de sí misma, de su mitad faltante, lloviendo sobre el plato mientras las manos la elevaban hacia su desintegración. Todas las cosas de la mesa, la taza, el plato, el papel que envuelve el budín, la cuchara, van quedando, de a poco, sumidas en sí mismas, lejanas, perdiendo, como el cielo de la tarde pierde sus últimas luces, el aura que tuvieron durante la merienda, desplazadas por las palabras que ella no para de tejer con el hilo de sonido que sale de entre sus labios y que sus manos modulan, envuelven, despliegan, tensan y anudan por todo el comedor.

Cuando nos vamos todo queda tapado en una oscuridad espesa. La experiencia y el recuerdo de la merienda van siendo reemplazados por nuevas percepciones que, imparables, se nos presentan mientras avanzamos por la calle en dirección a la plaza, bajo un cielo deslucido y cargado de agua. La taza, el cuchillo y las porciones de budín que antes manipulábamos son ahora el pasado, una suma de objetos, hechos y sensaciones que han perdido, lentos, su individualidad, para conformar una totalidad incompleta, una foto borrosa que perdura impresa en el papel solo por las palabras y las emociones que la acompañaron.

——————————

-Hola ¿qué vas a llevar?

-Budines ¿tenés? –sí, tiene, ya los vi apenas entré, a la derecha de la puerta, con un papelito pegado en el envoltorio, un papelito blanco que tiene escrito “25” con fibrón. El precio, seguro.

-Sí, hay de limón o frambuesa –y se va detrás de los budines, a la derecha de la puerta, de donde yo casi no me había movido. Miro los budines, no los distingo. Los envoltorios son todos iguales y brillantes. El limón me gusta, pero la palabra frambuesa me gusta más que el sabor del limón, como si la frambuesa solo existiera para ser saboreada en postres, para consumarse en un alimento dulce desde su origen en algún bosque, pasando por los procesos químicos a los que la someten, hasta los budines que no puedo distinguir.

-¿Cuánto valen? –como si al tener un precio distinto me fuera a decidir por uno u otro, cuando no había otro número escrito más que el 25.

-Veinticinco.

-De frambuesa –decir la palabra es ya probar la fruta. La panadera levanta un budín con las dos manos y veo, entre los penachos del envoltorio, dos puntos rojos. Lo lleva hasta el centro del mostrador.

-¿Te lo envuelvo o lo pongo en una bolsa? –me imagino el budín envuelto como un salame o un regalo. Otro papel más para la basura, ya está abierto, ya lo probé cuando dije frambuesa, ya son los frutos del árbol procesados a puro conservante que me estaban destinados.

-En una bolsita cualquiera está bien.

Me lo da en una celestona, semitransparente. Pago y salgo.

—————————————

-Voy para allá, recién salgo del hospital –la imagino atravesando un bosque de gente oscura con abrigos viejos, de cabezas semihundidas en hombros roídos que van y vienen y desaparecen por alguna puerta iluminada al fondo de la sala de espera oscura, la imagino pasando rápido entre muletas que parecen tablas y una mujer con un bulto de colchas en las manos y adentro un bebé respirando la penumbra, somnoliento, antes de salir a la otra penumbra del atardecer nublado que tiene para ofrecerle más aire y espacio, pero también una lluvia inminente.

-¿Te espero con un té?

-Podemos merendar ¿llevo algo?

-Compré un budín –y recién ahí, después de haberlo visto y leído incontables veces en la biblioteca, se forma en mí la imagen completa del último mago de Bilembambudín. Ella está cruzando la calle hacia la parada de colectivos y el último mago desciende con su dragón entre los autos cuando su boca, la de ella, pronunciando las palabras, lo invoca.

-¿Un budín? Dale, en un rato llego.

Queda frente a mí, como el corte violento de una escena a otra, la foto de una mesa con una taza que pronto se volverá a llenar de agua y, si la vuelvo a mirar desde donde acabo de cortar el celular, de humo. Un papel brillante y transparente abierto, un plato con migas y una cuchara seca.

———————————–

Volvemos, casi a medianoche, cansados. Recuerdo, al ver la mesa, mis palabras: dejemos las cosas así que cuando volvemos las lavamos. Me acerco a la mesa. Al verlo desde arriba, descubro en el plato la mitad de rodaja de budín que ella había dejado entre alguna palabra. La como de un bocado.

——————————————–

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s