Diálogo entre el retroproyector y la mochila

El destino los juntó, una mañana silenciosa, en la biblioteca. El retroproyector, después de mirar a la mochila derrumbada en la silla, como doblada por el cansancio, fue el primero que habló:

-Siempre imaginé que debe de ser cansador vivir a espaldas de los hombres, cargando su peso, viviendo en trenes, habitaciones de hoteles, escaleras y pisos.

La mochila no contestó. Las tiras, vencidas, caían a sus costados y colgaban por los bordes de la silla. El retroproyector, sin perder su compostura de estatua cisne, intentó un nuevo comienzo:

-Yo vivo reflejando el conocimiento de los hombres. Mucho tiempo pensé que ser un instrumento para difundir su ciencia y su arte me darían sobre ellos una imagen clara como la luz de mi lámpara. Pero las manos que me llevan de un lado a otro me tocan sin sentir, sus ojos no me miran, y me siento cerca de las imágenes y palabras que proyecto, pero lejos del viento que sopla en sus creadores.

La mochila, doblándose levemente hacia adelante, dejó salir, baja, su voz grave y negra, de entre los pliegues de su boca:

-No querrías conocer las espaldas hechas de angustia, las manos crispadas de nervios apretando sin descanso, la incertidumbre que circunda los cuerpos y a la que me obligan a sujetarme. Aunque esté siempre adherida a los hombres, aunque guarde sus objetos más íntimos y personales, que bien podrían verse como algo que los define, aunque los acompañe en sus viajes y los proteja en la tormenta o sea su almohada, aunque crezca y aprenda con ellos, aunque conozca sus calles, sus noches y sus soles, nunca llegaré, yo tampoco, a conocerlos. Su vida corre muy dentro suyo, rabiosa, invisible para los demás y, a veces, hasta para ellos mismos. Los he visto reír y callar, llenos de temor, quietos en un lugar al que nunca tendré acceso, más lejos de su cuerpo y de esta biblioteca fría. No creo que ninguno de los dos, ni nadie, pueda conocerlos o al menos comprender, como decía un libro que una vez cargué, la cuenca de la vida con su fondo de muerte y miedo.

-Pareciera que el verdadero peso lo llevan por dentro –dijo el retroproyector antes de que lo llevaran a otra parte.

Más tarde, la mochila volvió al ruedo y la biblioteca quedó oscura y vacía.

2014-04-14_08-31-36_858

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s