El otro tiempo

En el fondo de su casa, el hombre había puesto ladrillo sobre barro y barro sobre ladrillo hasta construir su obra. Algunos la vieron parecida a un nido, otros a un anfiteatro circular, hasta se habló de un coliseo sin entradas ni salidas donde solo había fatalidad. Pero el tiempo, más fatal todavía, llenó de amnesia bocas y ojos. Ya nadie pensó en la creación del hombre. Abandonada en el patio, como si su forma sufriera el olvido de los demás, comenzó a desmoronarse. El fondo de la casa devino en otra cara del recuerdo, acumulando escombros, restos indistinguibles de cosas que alguna vez habían tenido un sentido.

Un día el hombre decide hacer un camino hasta el fondo de su casa. Comienza a sacar los escombros, se enfrenta de lleno a su memoria: piedras viejas y erosionadas enterradas bajo otras piedras, dormidas en una sombra indeterminada, húmedas, abandonadas a otra vida, piedras que lo miran indiferentes desde otro tiempo cuando el hombre las ubica en el camino, una por una, hasta la última.

Esta vez nadie verá otra cosa que no sea un camino. Pero el hombre, ya convencido de que hasta lo que parece no tener sentido posee un significado profundo y desconocido, comprendiendo no sin temor que para construir hay que destruir y que toda construcción inaugura una destrucción futura, se preguntará incesantemente, sin llegar a saberlo nunca, qué condenará al olvido con su nuevo camino, qué otros escombros se volcarán en su memoria y de qué estará hecho ese barro inestable y oscuro que lo espera desde otro tiempo.

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