Guitarra dímelo tú

Portal: Una canción que pasaban por la radio que siempre está sonando apenas entro al club. Era temprano, el club recién empezaba su rutina; la mía había empezado –estaba por descubrirlo- varias horas antes. Levanté la cabeza y miré hacia los dos parlantes metidos en el hueco de la pared. Sonaba una canción que no conocía y, de fondo, detrás de un bombo, entre las guitarras, arpegiando, inconfundible, un charango.

Estaba al frente de un curso. Los chicos, en silencio, hacían un examen, no sé si de mi materia o de otra. Mientras escribían me recostaba sobre la silla a tocar la guitarra. Hacía frío, me tapaban con una manta y eso provocaba en la guitarra un sonido con chorus. Al ver debajo de la manta me daba cuenta de que, en realidad, estaba tocando un charango.

Con el charango enfundado tomaba un colectivo, como iba vacío me sentaba a tocar en el primer par de asientos después de las puertas del centro. De a poco se fue llenando y dejé de tocar. Subió un hombre de barba con una guitarra, se sentó atrás mío y empezó a tocar.

-La estás tocando mal, así no es la canción- le dijo una chica que estaba sentada en los asientos de enfrente.

El hombre siguió tocando sin darle importancia y ella empezó a incomodarse cada vez más. Se quejaba en voz alta y todos la mirábamos, menos el hombre de barba. Siguió quejándose hasta que en un momento se paró y dejó ver, detrás de ella, apoyada contra la ventana, una guitarra. Me levanté, fui hasta ella y le dije que tal vez, si ella quería, estaría bueno que, con su guitarra, tocara la canción, así todos sabríamos bien cómo era (sobre todo el hombre de barba, que seguía rasgueando como un sordo).

-Pero necesito alguien que sepa con el charango “¿Qué pasó?”, de la Bersuit, yo solo tengo la letra.

Me ofrecí para acompañarla con el charango. Le dije que, aunque no sabía los acordes, podía, mientras tocábamos, ir mirándole la mano. No pareció muy convencida, pero frente a la guitarra del hombre de barba que ya empezaba a cansar a todas las personas del colectivo, fue a buscar su instrumento y una hoja de papel manuscrita con la letra de la canción. La letra era ilegible: rayas horizontales, cortitas y largas, que a veces declinaban y otras subían, abruptas, intercaladas con puntos y cuadraditos.

-Se entiende clarísimo, no sé por qué ponés esa cara –me dijo mientras se llevaba la hoja al medio del colectivo.

Nos pusimos a tocar frente a las puertas, ella cantaba y tocaba realmente bien. Mi charango estaba distinto: era una caja. Apoyaba un lado contra mi pecho, el otro lado tenía un entramado de hilos, con la mano izquierda los presionaba y con la derecha los rasgueaba. Los hilos se corrían cuando cambiaba de acorde y si la mano derecha atacaba con intensidad se me zafaban de los dedos. La gente escuchaba con cara de placer y eso me daba tranquilidad, ella seguía tocando sin darle bola a nadie. Terminamos la canción casi llegando a la parada que está separada de mi casa solo por tres cuadras. Mientras tocaba el timbre y a ella la rodeaban para felicitarla como a un director de orquesta que sale al hall del teatro luego del concierto, pude escuchar, detrás de los aplausos y las risas, casi pisoteada, despareja y constante, la guitarra del hombre de barba.

1931 Composition abstraite

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