Sueños sin dueño

Hay sueños de los que no puedo salir. No porque sean una cárcel, o un laberinto, o una serie eventos inextricables. No puedo salir porque estoy soñando tan sensitivamente, tan conectado a lo profundo de mi inconsciente que, si me despierto, despierto en otro sueño y sigo.

No puedo volver a esos sueños. A veces, apenas se me van, me paro en el borde de mi conciencia y trato de saltar y hundirme bien hasta el fondo. Pero no, como esas cavernas que debajo del agua oscura siguen teniendo pasajes a cavernas aún más profundas, solo puedo llegar a esos sueños arrastrado por alguna corriente submarina, impredecible y súbita.

Tampoco puedo controlarlos. Las personas usan mis pasiones como los hilos de una marioneta. Actúo como si estuviera predeterminado, como si no pudiera, ni supiera, ni quisiera, hacer otra cosa.

Después, cuando el día levanta, lento, la marea negra de la noche, esos sueños quedan, como sedimentos, llenando mis huecos.

1957_09_Celestial Ride, 1957

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