Entonces llueve

Entonces llueve. Llueve y mi cuarto se tira a dormir tapado por las gotas. ¿Qué soñará mi cuarto mientras duerme? El silencio se llena con un sonido entre homogéneo y diverso, parejo, rítmico, sostenido, y es al mismo tiempo, en esa repetición, otro silencio más fresco y azul.

Entonces escucho. Escucho voces de perros y de pájaros, sobre algún poste de luz o vagando por alguna de las calles de tierra que mueren en la ruta. El interior de una casa, abierta y oscura como una boca muda. Un motor ronroneando, yéndose. El viento escondido detrás de la lluvia, hamacando frondas. El ritmo desigual de las pisadas de la gente en la calle, frenándose al esquivar un charco, apurándose al cruzar la calle. Los autos pasan y suena como cuando fríe el aceite. Paraguas que se rozan entre sí, libres, perdiéndose en su intimidad mientras las personas, indiferentes, más abajo, caminan ensimismadas. La voz húmeda del pobre, inaudible, que pide ayuda debajo de un techito extendiendo su mano hinchada, su caja de tres monedas. Las conversaciones a media voz dentro de los colectivos, alguien mira a través de la ventana y solo ve una peregrinación de gotas sobre el vidrio. Los cuerpos tiesos de las personas que estaban haciendo la cola del banco y se apretujaron bajo una marquesina. Los sellos sin tinta de las oficinas que golpean desganados papeles y papeles. Las ruedas pasando por esquinas inundadas como si rasgaran un papel. La respiración contenida de una pareja en la estación de trenes. La explosión burlona de los globitos que forman las gotas cuando caen sobre el agua.  Una mujer dentro de una casilla se descalzó y mira la calle con el secador en las manos. La basura del arroyo, los empujonazos de las olas del río, el eco multiplicado de cada gota en los espacios abiertos. El sonido agudo de la lluvia fundiéndose con el crepitar de tazas y platos en el interior del café. La lluvia impenetrable de la montaña. Mi respiración gris. La luz fugitiva de un mediodía que parece tarde y anticipa noche. Todas las palabras que mi mente no puede frenar y vienen, incomprensibles, desde lo desconocido.  Gloconde

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