Sueño // El tesista

La escena transcurre en un ambiente amplio y rectangular, muy paquete y con un estilo art nouveau, de techo alto y piso de cerámicas con cenefas. La única abertura es una puerta enorme de madera con vidrios en el centro que da a la calle. Adentro se ha reunido una multitud para escuchar la defensa de una tesina. Mientras esperan al tesista, todos, incluido el jurado, escuchan al detractor, una persona autorizada para refutar la tesis hasta pulverizarla con argumentos que el tesista deberá combatir en su defensa. Como el tesista está demorado y los jurados deciden no esperar, me eligen para escuchar al detractor y representar al tesista en caso de que no llegue. El detractor termina su argumentación y se sienta lentamente entre las demás personas, seguro de haber sido implacable. En lo que él demora en sentarse, me levanto. No tengo con qué defender la tesis, no hay trabajos expuestos, ni siquiera están las tesis impresas de los jurados. Hago tiempo, me pongo unos anteojos de sol, camino haciéndome el misterioso. Entonces veo, en la calle, detrás de los vidrios de la puerta, al tesista. Abro la puerta con una reverencia: el tesista hace su entrada con una pila de libros en las manos y avanza hacia el fondo del lugar entre el asombro de las personas. Lo ayudo con los libros, son pilas que llegan hasta el techo de colecciones de la historia de la pintura, me dice que los va  a repartir entre los presentes. Nos disponemos todos a escuchar la defensa. Un piano comienza a sonar y el tesista empieza a cantar la introducción de su trabajo, una mujer se levanta de su silla y cantan a dúo. El mundo, dice el tesista al terminar la canción, mientras me guiña un ojo, ha sido invadido por los zombies, y esto se debe a un mal que nos aqueja hace siglos: el arte figurativo.  Se abre la puerta y entran mujeres sosteniendo enormes cuadros tapados por telas, el tesista parece un mago preparando un truco. Hoy he traído el mal hasta ustedes y el arma para combatirlo, terminaremos con esta invasión de la conciencia. Destapa los cuadros de a uno. Aparecen caballos dibujados que parecen una foto, unas bailarinas sobre un prado, una naturaleza muerta, un paisaje de playa. Las personas se escandalizan, no saben hacia dónde ir, el detractor parece asustado. El tesista comienza a repartir los libros y cada página que se abre, mostrando una pintura renacentista o una escultura de Rodin, provoca un grito o un desmayo. El tesista habla como un pastor: ustedes son libres de irse ahora o quedarse para obtener el arma que evitará que los zombis nos coman el cerebro, sólo tenemos que dejar de ver y sentir como nos enseñaron. Algunas de las personas desenfundan violines y comienzan a tocar. Al compás del ritmo, las mujeres y el tesista, van destrozando los cuadros figurativos y armando un nuevo cuadro con cada pedazo, sobre la pared del fondo del lugar, enfrentada a la puerta. El nuevo cuadro no es ni abstracto ni figurativo: es luz, es pintura pero también luz, no sé cómo describirlo; tampoco sabría, si me lo propusiera, cómo hacerlo. Se empiezan a escuchar en la puerta los cuerpos de los zombies golpeándola ciegos y desbocados; adentro sólo hay pánico.

19d Closed Eyes 2

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