Sueño // Drogas

El sueño me maltrató. Me lo dijo en la cara, me hizo ver a gritos la vida que no me es dada, la tristeza fea y eterna que puedo sentir si quiero eso, si insisto, si lo fuerzo, si no me acepto. Eso es para otras personas, a lo sumo podrás verlo en una película, con suerte te lo contarán, porque los que tienen esa vida a personas como vos no les cuentan nada, simplemente se olvidan, sos nulo en esas cosas para ellos, invisible, ausente. Vos te enterás como escuchando todo desde un cuarto contiguo, algún comentario que no era para vos, algo que podés llegar a deducir, pero nada más. El sueño me lo recordó a gritos, me lo grabó en la mente como un revelado dentro de mi cabeza. Ella se metía una droga brillante por la nariz, en la parte de atrás de un auto, mientras discutía con el pibe que manejaba, también drogado, tanto como el acompañante. Yo iba atrás mirándola solo a ella, callado en medio de la pelea de otros, invisible. En la clínica de rehabilitación nos separamos. Ella al pabellón de mujeres y nosotros al de hombres. A él y al acompañante los trataron con violencia, los golpearon, les querían hacer pagar con el dolor de su cuerpo la mala merca que se habían metido todo ese tiempo. A mí no me hacían nada, pero estaba ahí como ellos, tal vez con otro tipo de droga en el cuerpo, estaba y no estaba. Me fui. La busqué por los pasillos, subí una escalera antigua de caracol, la clínica tenía pinta de casa vieja y refinada. La encontré con otras mujeres, se maquillaban. Me vio y con una seña la dejaron ir conmigo a otra habitación que estaba atravesando una puerta de vidrio enorme. La habitación daba a un balcón. Le conté lo que le estaban haciendo a su pareja. Siempre lo mismo, siempre me hablás de él, no tenés otra cosa para decir, ya estoy cansada, no me hablás de nada nuevo, no sos nada si repetís la misma palabra. Yo le quería decir que escapemos, ella podía verme, pero ella ansiaba la luz, la luz que hace todo visible, la luz de los escenarios. Bajé un par de pisos a los saltos por el hueco de la escalera, salí a otro balcón y me arrojé al vacío, estaba desencajado, en plena caída el viento me levantó como con una mano y la pude ver a ella en el balcón, también saltando, vencida, olvidada, sin viento. Entonces ya no quise estar cayendo y quise volver, no haber saltado, no haberme desencajado, pero el viento ya me llevaba lejos como un oleaje invisible. Caí lejos de allí, en plena tierra, entre enormes peces secos y esqueletos prehistóricos. Ella cayó en la fuente de la clínica y se hundió para no salir. Pensé que si yo estaba en un antiguo y extinto mar y seguía caminando podría encontrar  agua y en ese agua estaría ella esperándome para escapar, pero sólo había sido arrancado de un lugar del que me creía parte hasta otro lleno de huellas y desolado que me rodeaba infinito.

Dicen que son en blanco y negro pero a mí no me convencen

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