Despintado

Cuando pinto me despersonalizo. Permítanme hacer unas aclaraciones sobre esta aserción. No quiero decir que dejo de ser persona, además primero deberíamos ponernos todos de acuerdo en lo que entendemos cuando decimos “persona”, porque, por ejemplo, digo que me despersonalizo, pero me siento más persona que nunca. Pensé en otras palabras como “des-socializo”, o “des-humanizo”, o “des-simbolizo, o “des-culturalizo”, pero lo que experimento tiene que ver intrínsecamente con la palabra “persona”, con toda esa historia de las máscaras, de los disfraces, de las capas. Reconozcamos que, más allá e que algunos no se den cuenta o lo nieguen o miren para otro lado, hay una presión, un paquete de sensaciones que viene desde antaño y que llevamos por el solo hecho de ser humanos. Un paquete que muchos no abren y lo dejan guardadito en cualquier lado, que “nos es dado”, como les gusta decir a los intelectuales. Es como si te estuvieran diciendo a cada rato un discurso que no llegás a entender del todo porque estás preocupadísimo en otras cosas y del que te quedan -como si fuera poco- sólo palabras: vocación, dolor, alma, esperanza, responsabilidad, misión, felicidad, pasión, muerte, fe, amor, destino, y tantas otras. Vos sabés que todo eso viene girando desde hace mucho y que exactamente, en el momento que lo contemplás, se te viene encima y es como si te creciera la espalda y te pesara. Los poetas eligieron vivir entre esas palabras.  Y cuando pinto todo aquello se va; es como si me desmantelara. ¿Vieron ese retrato de Gala que Dalí pintó como átomos que se abren en el cielo? Algo así, sólo que primero desaparecen todas las cosas que uso para andar por ahí, hablar con los demás, hasta incluso para comer. Queda sólo “algo” –que no sé qué nombre ni forma tiene- fragmentado en el aire, y con eso –o en eso- pinto.  Quedo en un paréntesis.  Paso a ser ese “algo” que se expresa en colores, en líneas. Un último detalle: no puedo prever ese momento. Es como cuando te dormís y pasás a tierras del inconsciente sin poder darte cuenta nunca del preciso momento en que pisaste la frontera –si es que la hay. Es así, simplemente me despersonalizo.DSC06032 DSC06033 DSC06034 DSC06035 El pueblo desde el río- acuarela, tizas, lápiz. Entre el rojo y el verde- témpera. Una calle que dobla- acuarela, lápiz. Una calle que se pierde- tizas.

Una vez le conté esto a un pintor y me dijo “des-jate de joder y seguí pintando.”

Cuando pinto en la montaña y  me paso el día yendo de un lado a otro con mis materiales, deteniéndome dos o tres veces para pintar, desaparezco por completo. Es algo parecido a perder noción del propio cuerpo y pasar a ser un ente que va por ahí, flotando como polvo en el polvo. No tengo problema en des-dejarme de joder y seguir pintando, pero mientras más lo hago más vuelvo a no ser yo, como si todos los caminos llevaran al mismo no-lugar, infinito y eterno.  

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