Diálogo a la orilla del río

Juanele

 El silencio del otoño entre la arboleda del crepúsculo.

Yo      

El sauce se inclina, déjame mirarte, le digo.

 Juanele

Y déjanos pasar

antes de que vengan todas de la mano las flores

estos silencios tensos ya casi rítmicos.

Yo      

Hace una reverencia en el aire y con la punta de sus hojas toca el  río.

Juanele

Sería necesario un oído

no ya sólo sutil, sino sereno.

¿Y hay un oído sereno

ahora?

Yo      

No sé… escucho mirando. El sauce, así, tendido hacia el agua, liga nuestra vida de tierra con esa vida de agua.

 Juanele

Pero este oído sutil si lo fuera de veras

percibiría también

entre el secreto casi íntimo, bisbiseo

de las criaturas prontas a subir a subir para el canto

la resonancia profunda de la muerte brutal y ajena, oh Rilke,

abatida en la noche sobre las mujeres y los niños…

 Yo      

Mientras tanto las personas se lanzan sobre los caminos. A pie, de prisa, en bicicleta, en auto, juegan, se sientan a la sombra a matear, abren sus heladeritas portátiles y comen sanguchitos preparados la noche anterior (les ponen mayonesa solo antes de comerlos), dejan sus motos sin cadenas al costado de la ruta y charlan camino a la orilla, compran panchos o títeres en la feria y los vendedores por un lado se alegran y por el otro desean estar en su casa, se sientan en los bancos de la casa y ven pasar a los fieles que salen de la iglesia y a las hermanitas que con una bicicleta pobretona y un celular último modelo buscan algo para comer, toman tragos en su palacio con vista el río, cruzan la ruta que separa su rancho de la costa y clavan su caña en la tierra, se emborrachan sin sentido y sin remera en un kiosco a la vera de una calle ignorada y polvorienta, se quedan sin hablar en la puerta de su negocio de venta de carnadas (el negocio es su casa y a la tarde siempre están mateando), entran con prisa a sus clubes privados, se acuestan en el pasto y miran los veleros pasar.

 Juanele

Luna y rocío.

Soledad.

La belleza llorando, la belleza afligida.

¿Por qué en esta calma que apenas titila

de una gracia que cae

de las estrellas?

La belleza llorando.

Yo               

Anochece. Todos duermen. No hay luz, solo la naturaleza puede ver con sus ojos minerales. El sauce sigue rezando sobre el agua.

 Juanele

Un palacio de cristal

rodeado de sombras

azotado por las olas de las sombras.

¿Era esto la vida?

 Yo      

Era mi pintura.

Soledad Desde el muelle de metal Mirador Barrancas

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