Situaciones, imágenes, cosas -decir “res” me daría más chapa de intelectual- que últimamente comenzaron a llamarme la atención

Es notable lo acostumbrados que estamos a pasar de un espacio a otro. Por ejemplo: salgo de mi casa (paredes blancas, techo alto, poco mueble, mucho libro, poco espacio adentro, mucho patio arafue), salgo –y perdón por la insistencia- pero salgo, así, de una, paso por debajo de la puerta y ¡zas!, salgo; como por arte de magia, como si no fuera nada salir de ese ambiente cálido y entrar a la inmensa profundidad de un mar cristalino y azulado encerrado entre el frondoso domo de los árboles: ¿calle?

No hay nada de natural en ese deslizamiento que propone nuevos contrastes, nuevos ritmos y nuevos sonidos. No se puede salir y listo –y otra cosa mariposa por aquí no te he visto.

Sigue el ejemplo: después de caminar unas cuadras en mi nuevo hábitat, ya acostumbrado al desgaje de la luz solar en manchones que se desparraman por doquier, entro al club[1]: un pasillo profundo y envuelto en una penumbra azul me sumerge en una nueva acústica, los sonidos empiezan a rebotar en los techos de chapa, las voces se encapsulan y la calle, casi antigua, desaparece fugaz en el rumor de un auto.

Así de un espacio a otro. Basta anotar los espacios que habitamos en un día para soslayarse:

-Una caminata por el centro de la capital: bóveda de hojas al final de la escalera del subterráneo; cúpula oscura de la librería; esqueleto gris de los andamios para la restauración de edificios antiguos; bajada al subsuelo de una galería; pasillos sin identidad del centro comercial.

-Puertas que crucé un 23 de abril: la de mi cuarto; la del baño; la del patio; la de mi casa que da a la calle; la de subida al tren; la de bajada del tren –era otro vagón; la del subte; la de una casa que vende instrumentos musicales; la de una catedral; la de otro subte; la de otro tren; la de la entrada a la universidad; la de un aula de la universidad; la del baño de la universidad; la del patio de la universidad; la del colectivo de la universidad; la del colectivo que me llevó hasta mi casa.

Es imposible que nuestro cuerpo y nuestra mente pasen de un lugar a otro todo el día y salgan ilesos. Cada espacio tiene una densidad propia, una armonía inherente. Yo no puedo entenderlos, sólo atino a dibujarlos –que tal vez, ahora que lo pienso, sea una forma de entenderlos. Me cuesta horrores seguir el día como si nada cuando estoy inmerso en una mañana sucia y lluviosa, dando vueltas por los pasillos y por los salones del colegio, y a la tarde el cielo se purifica y el aula de la universidad se ilumina hasta titilar. El día se parte en dos. Un lugar se deslinda del otro y se pone en un sitio más que antagónico. Queda un sabor a extrañamiento, a perplejidad.

Tal vez seamos, de alguna manera, lo que vemos. Vemos recuerdos, vemos recordando, con lo que sabemos, desde lo que ignoramos, entre lo que queremos, vemos recordando el presente, creyendo que olvidamos. Somos esto:

-Túnel que conecta dos andenes de una estación de tren desolada.

-Hojas secas que desparrama la tormenta nocturna y desalinean las esquinas.

-Ella. Sus manos bajando hacia la mesa cuando habla.

-Luz azul del colectivo centelleando en la noche.

-Calles desiertas palpitando a la madrugada.


[1] Sabrán disculpar esta nota al pie que poco tiene que ver con el tema de la publicación. Siempre que entro al club me acuerdo de este pasaje de La grande: “De golpe, Gutiérrez cierra el paraguas y, dándose vuelta, lo sacude hacia la vereda para hacerle perder un poco de agua, y a través del espacio libre que deja al retroceder, Nula ve el interior del club: es una especie de galponcito bastante nuevo, de ladrillos sin revocar, y si el techo de paja está en perfecto estado porque ha sido instalado no hace mucho tiempo, el suelo, en cambio, es de tierra apisonada. Dos lamparitas cuelgan de uno de los parantes que sostienen el techo, y hay varios apliques adosados a las paredes, pero sólo dos o tres están encendidos.” Y la descripción sigue, maravillosa, como cada palabra de Saer. 

—————————————————————–

-Ahora, unos espacios que a primera vista no tienen nada que ver el uno con el otro.

-¿A primera vista?

-Sí, tarea para la casa.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Un comentario sobre “Situaciones, imágenes, cosas -decir “res” me daría más chapa de intelectual- que últimamente comenzaron a llamarme la atención

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s