Resumen Spinetiano

Habito tus mundos, flaco. Un espacio que no existe más que en los que te escuchamos. Pasamos una vez y no pudimos dejar de visitar esas calles que, como un desierto que se abre para ser todos los mares, aguardan latentes cuando ya nadie las pisa y  -pinturas de Hopper-, quedan detenidas en una luz tierna, acaso reverberando en un recuerdo, una conversación, una melodía. Tus canciones conocen un universo de fronteras móviles: van tanto más allá como podamos sentir. Un universo construido en la memoria, como un sueño o un recuerdo. Un universo que crece a partir de nuestro mundo y convierte los lagos -de cisnes- en cristales azules, el barrio -tal vez- en noches fosforescentes, el cielo -de ti- en una espuma mística. Así voy, por lo menos yo –aunque estoy seguro de que otros también- deteniéndome en los sordos detalles microscópicos de esta vida que volviste audibles.


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Oh, regresa y hunde tu cuerpo en esta tierra…

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Es un amor…

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Eres el resplandor en el límite en que la orilla besa al mar.

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Sé cómo llegaste…

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