Entreluces

Ya no sé de dónde es que vuelvo. Siempre estaré prendido en un recorrido incesante entre mi casa y aquella luz. Anduve de pueblo en pueblo, de cielo en cielo, de cerro en cerro. Cada vez que bajaba del colectivo y me lanzaba a una nueva armonía sentía el aire en las venas, el sol en los ojos, el frío en las manos, el paisaje como agua pura en mi espalda; y bajo la tierra el color, bajo el color los ríos, bajo los ríos las vasijas rotas; y adelante todo el horizonte amarillo, luminoso, grande, grandísimo. Y después otro lugar, y otra vez una nueva composición espiritual marcándome los pasos, quitándome lo que me sobraba, callándome.

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